Un hermoso saludo daba la bienvenida al entrar en la comunidad: ¡Hola, Valencia!. Ese domingo, los miembros de la iglesia de Valencia estaban initados a celebrar su Servicio Divino dominical junto con la comunidad de Denia. La celebración se llevó a cabo con gran entusiasmo y unió a las comunidades en un ambiente de fe, amor y fraternidad.
El Servicio Divino fue dirigido en español por el Anciano de Distrito, quien transmitió un mensaje lleno de esperanza. La prédica se basó en una palabra de Mateo: «Y cuando Jesús se fue de allí, dos ciegos le siguieron, gritando: ¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!» (Mateo 9: 27).
Durante la prédica, se reflexionó sobre la ayuda de Jesús, quien no solo sanó la ceguera física de estos dos hombres, sino que también dejó una enseñanza más profunda. La ayuda también se entiende en un sentido figurado: la necesidad de abrir los ojos del alma para reconocer a Jesús como el Mesías prometido. ¡Jesús los sanó porque creyeron en Él! De la misma forma, hoy en día también podemos experimentar una "apertura de ojos" espiritual, cuando reconocemos nuestra necesidad de guiar nuestra vida con fe, invocamos a Jesús y depositamos en Él nuestra confianza.
Los dirigentes de la Comunidad de Valencia y de Denia, junto con otros dos Pastores de Valencia, también participaron activamente en el Servicio Divino. Sus intervenciones aportaron diversidad y profundidad al mensaje.
Después del Servicio Divino, se pudo disfrutar de un espectacular concierto, que se convirtió en uno de los momentos más memorables de la jornada. Los coros de Valencia y Denia unieron sus voces en perfecta armonía, acompañados por talentosos solistas e instrumentistas. Cada presentación musical conmovió a los presentes.
El Servicio Divino contó con la participación de 143 personas en total, incluidas 22 amistades e invitados, quienes también se unieron con alegría a esta significativa celebración. La alegría y la unidad entre las comunidades de Valencia y Denia fueron palpables en cada momento.
Para culminar la jornada, se dispuso de abundante comida para todos los presentes. Esta deliciosa parte final del encuentro fue una oportunidad perfecta para fortalecer los lazos de comunión y disfrutar de una convivencia amena y alegre.
Sin duda, fue un día maravilloso y muchos expresaron su deseo de volver a repetirlo muy pronto.