Todo comenzó con un juego. En su clase de escuela dominical, dos niños comenzaron a jugar diciendo que ellos se querían quedar a dormir en su iglesia.
Observando dicha situación, una de las fieles de la comunidad no tardó en comentar los hermosos recuerdos que guardaba de su infancia haciendo pijamadas en su comunidad en Alemania.
Y, con estas señales, no se tardó mucho tiempo en organizar una pijamada infantil en la comunidad de Valencia.
Los niños llegaron a la comunidad el viernes sobre las 20 horas y, con mucha ansiedad, demostraban su felicidad. Cenaron juntos unos perritos calientes, jugaron y decoraron unos farolitos que más tarde los acompañarían en una caminata nocturna por el parque del Turia.
Los 6 niños caminaron uno detrás de otro, con sus faroles en mano y al ritmo de la canción "Yo voy con mi farolito y mi farolito conmigo, arriba alumbra la estrella y abajo alumbramos nosotros, la luz se apaga nos vamos a casa, rapime rapame rapum, pum pum".
Tras el paseo nocturno llegaros a la comunidad ya listos para disfrutar de una película con palomitas de maíz y descansar.
Desde temprano en la mañana del día siguiente, ya se escuchaban las risas y juegos de los niños más madrugadores. Comenzando el día en comunión. Y, una vez todos despiertos, se lavaron los dientes y prepararon el desayuno.
La mañana fue muy divertida, llena de juegos y canciones que organizó la dirigenta de coro.
Llegaron las 12 horas y se acercaba la hora de volver a casa. Aunque entre risas y pícaras miradas intentaron esconderse para quedarse más tiempo, se hizo el horario de partir a casa.
Los niños no vivieron una simple pijamada, sino que experimentaron complicidad, risas, juegos, el amor de sus profesores y mucho más en sus corazones.
Seguramente recordarán ese día con una sonrisa y eso es razón suficiente para sentir que se está cuidando el gran tesoro del reino de los cielos.